31.10.05

El metal de nuestras cadenas

La codicia encadenó a Nuestra América. Tras siglos de desarrollo de nuestras poblaciones, hasta llegar a las grandes culturas andinas y mesoamericanas, asentadas sobre una base agraria con aplicaciones industriales, proyectadas a expandirse e incluir en su sistema productivo a otros pueblos, culturas que hubieran continuado normalmente su crecimiento y desarrollo dentro de un sistema económico sostenible que procuraba la interconexión, la reunión, la integración política y económica, tras todo esto, llegó el año 1492.

Una España atrasada, guerrera, totalitaria, excluyente, ambiciosa, de toda clase de individuos tras sueños propios en nombre de la Corona, desembarcó en este lado del mundo a fines del siglo 15, y al obtener conciencia casi inmediata de la abundancia de metales, apuró el paso en una colonización a la que sólo interesó la recaudación a toda costa de estas riquezas necesarias para el naciente intercambio del capitalismo europeo.

Una economía agraria y productiva, fue sustituida por una economía de saqueo, promovida y limitada por las necesidades de la metrópoli, por las contradicciones entre las potencias de la vida europea. Y así pasamos la vida, de potencia en potencia europea, y tras la traición del criollo que nos encadenó a Norteamérica, hoy, al libre comercio, seguimos atados económicamente a lo que nos dicen unos cuantos señores, que al cabo de unos años, reconocen sus errores, casualmente luego de haber empeorado nuestra situación y mejorado la de ellos.

En la extracción de los metales fue derramada la sangre de nuestros primeros habitantes, y sólo muerte nos ha traído la minería desde entonces. Toda América ha sido testigo, sigue siéndolo, de los perversos efectos de la actividad minera que aún hoy nos acompaña, haciendo víctimas a los eternamente últimos dentro de la escala social de la sociedad burguesa: indios, negros y mestizos, para satisfacer las ansias de una riqueza innecesaria de unos cuantos señores oligarcas locales, acomodados en el último espacio del escenario mundial, incapaces por vocación de desarrollar nuestra patria americana, acomplejados en busca de espejitos extranjeros a cambio de las riquezas de nuestras naciones.

Todavía hoy nos quieren tirar el mismo cuento, las empresas mineras utilizan argumentos como la posible creación de plazas de empleo y obras de infraestructura para sustentar sus proyectos ante la opinión pública, pero en realidad los trabajos son escasos (cada vez menos con el uso de nuevas tecnologías) mal remunerados y con consecuencias negativas irreversibles sobre la salud del trabajador y la comunidad en general, y las infraestructuras, sólo las necesarias para la explotación del yacimiento, si acaso algunas pequeñas obras para la comunidad que no compensan los daños producidos en términos ambientales, económicos, sociales.

Nuestras comunidades campesinas e indígenas siguen siendo las principales afectadas con el desarrollo de estos proyectos, cuando no son tomadas en cuenta a la hora de tomar decisiones, mucho menos en la repartición de beneficios, cuando son atacadas directamente en su organización comunitaria a través de procesos de titulación mal intencionados que afectan la propiedad individual y/o colectiva de sus terrenos y el subsuelo, pasando por encima de anteriores legislaciones, que a pesar de lo precarias, representaban al menos un mínimo de seguridad en las condiciones sociales y jurídicas de las comunidades, o simplemente creando legislaciones allí donde no existía regulación, sin ningún tipo de indemnización; legislaciones las cuales con mayor o menor descaro, garantizan el beneficio del más fuerte permitiendo la acción, promoviéndola, beneficiándola y haciéndola aún más rentable con exoneraciones e incentivos, junto al progresivo exterminio de nuestra gente.

Nuestro silencio es cómplice, sea consciente o no, siempre basado en un equivocado concepto de desarrollo, asimilado como propio por quienes han tenido un poco más de suerte dentro de la división social. Un concepto de desarrollo destructivo que alimenta la esperanza de las capas medias que esperan que el crecimiento se “derrame” y los alcance, como si la lógica del sistema no fuera egoísta por principio y necesidad.

La explotación minera implica graves efectos en todo el entorno natural y por supuesto, dentro de ella, el ser humano; a través del uso insostenible e irracional de tierras y aguas, la contaminación del aire, los ríos y corrientes subterráneas, la degradación de la fauna, la flora y el paisaje con los químicos altamente tóxicos (mercurio, cianuro, azufre, ácido sulfúrico) utilizados o producidos en el proceso de extracción a cielo abierto, que es la que se pretende en nuestro país, la cual necesita el movimiento de grandes extensiones de tierra a ser tratadas químicamente, de donde se obtienen los metales, pero también enormes cantidades de desechos. Es preciso recordar, que el ambiente es un sistema y la contaminación referida, entra en el proceso de intercambio afectando mucho más allá de lo que directamente se observa.

La explotación minera sigue las normas del capitalismo, hoy insoportable en su versión neoliberal: mucho para pocos, poco para muchos, crecimiento destructor de la naturaleza, la calidad de vida y los derechos humanos.

La codicia encadenó Nuestra América. Nuestro silencio mantiene y refuerza las cadenas. Rescatemos nuestros valores históricos y presentes, desarrollemos una propuesta consciente y propia, a base de estudio del pasado y la comprensión de la realidad, con valores propios acordes a nuestras necesidades y sueños.
Por un desarrollo económico dirigido al desarrollo social.
No a la minería.

29.10.05

La lucha por el Canal de Panamá: tareas pendientes

Las cualidades geográficas de nuestro territorio han determinado nuestra formación social y nuestra estructura económica, y nuestro consecuente débil desarrollo, con la complicidad de clases dominantes sin proyecto propio y clases dominadas con escaso interés en el desarrollo de la conciencia, el cambio y el ejercicio del poder, nos puso al servicio del capital extranjero.

Siempre manteniendo el rol asignado a Panamá como espacio subordinado del sistema económico para el movimiento de seres humanos, materias primas y mercancías, uniendo océanos y mercados, las potencias buscaron el control económico y político del área de tránsito por su importancia estratégica, realizando acuerdos entre potencias para la seguridad y estabilidad de la ruta por encima de nuestra opinión, intereses y soberanía. La construcción del canal de Panamá, fue posible luego de los acuerdos de las potencias capitalistas por para asegurarse beneficios de la nueva ruta.

La independencia de Panamá esta ciertamente ligada a la necesidad del capitalismo global y específicamente el estadounidense, de construir la ruta para el comercio internacional y el fortalecimiento de los EUA en todo su territorio. El canal de Panamá es inaugurado en 1914, y con él, todas las consecuencias y condiciones que lo caracterizaron durante la administración norteamericana.

La lucha nacional por el canal de Panamá no debe entenderse como algo abstracto, sino como una mezcla de factores objetivos y subjetivos que llevaron a las clases medias y bajas a plantearse la recuperación del canal de Panamá y las áreas que constituían la Zona del Canal, es decir, la recuperación de nuestro territorio y el activo tecnológico que potencia nuestra posición geográfica, la búsqueda de posibilidades profesionales y comerciales, frente a la situación de humillación, arrogancia y subordinación que demostraban los E.U.A. en alianza con las clases dominantes hacia el panameño común, clases dominantes que tras ampararse en el poderío norteamericano para separarse de Colombia en la búsqueda de ventajas económicas, se mantiene en el poder débilmente gracias al mismo poderío; y a fuerza de presiones políticas y económicas, concesiones y compensaciones, renunciaron a la idea (si es que alguna vez la tuvieron) de construir un país en todas sus dimensiones posibles y necesarias, limitándose a aprovechar la condición existente, consolidando nuestra formación socio-económica histórica, originada de manera consciente desde el descubrimiento del mar del Sur.

Si una de las clases era apoyada por un poder extranjero, era de esperarse que la lucha de clases también se dirigiera hacia ese poder externo: el gobierno estadounidense junto a la oligarquía subordinada local que es sostenida por (y a la vez amarrada a) la oligarquía norteamericana en el poder, explotando nuestra gente y nuestros recursos, son vistos entonces como el enemigo común en el nacimiento y desarrollo de la lucha, aunque luego estas reivindicaciones hayan sido absorbidas, y vaciadas en su contenido, por los partidos políticos tradicionales.

Organizaciones cívicas, grupos estudiantiles, sindicatos, mujeres, campesinos y movimientos políticos escenificaron las luchas que a lo largo del siglo pasado contribuyeron a llegar al punto en el cual hoy nos encontramos, agrupando bajo la consigna de la soberanía en un determinado momento, los diversos intereses que movían a cada sector, con diferentes grados de conciencia y diversas ideologías.

Ha sido esta movilización popular, no nos equivoquemos, la que nos ha permitido llegar donde estamos, punto medio en la lucha, al no permitir en varias ocasiones, mayores concesiones a los norteamericanos por parte de las clases dominantes, las cuales siempre en su visión cerrada de país, mezquina, elitista, excluyente y exclusiva, se han conformado con la acumulación de capital en actividades de intermediación, lo que se ha traducido en una despreocupación por el desarrollo de los sectores productivos del país.

Elementos de importancia en este camino histórico fueron las constantes intervenciones estadounidenses en nuestros asuntos internos, los sindicatos de trabajadores, la huelga de no pago de alquileres de 1925 que terminó en intervención y muerte, el rechazo al tratado Alfaro-Kellog en 1926, la fundación de la Universidad de Panamá en 1935, la Federación de Estudiantes de Panamá y el movimiento estudiantil independiente, el rechazo popular al Convenio Filos Hines en 1947, la Unión de Estudiantes Universitarios y la Operación Soberanía en 1958, la siembra de banderas en 1959, los sucesos del 9 al 12 de enero de 1964 que dejaron, estos últimos sucesos, un saldo de 22 muertos y mas de 500 heridos.

A partir de 1964 se marca una diferencia, pues la reacción popular es tal, que se reconoce la capacidad del sentimiento nacional de generar fuertes reacciones inclusive en momentos de completa desventaja, logrando incluso obligar a las clases dominantes a romper relaciones diplomáticas con los EUA, en una especie de carambola que permitió mantener la gobernabilidad, dado el riesgo de perder completamente las riendas del país ante un levantamiento popular.

Hay que recordar también el escenario mundial de confrontación política, económica, militar, ideológica entre los bloques de poder que entonces competían y se manifestaban en las luchas por la liberación de los pueblos, recuperación de sus recursos y nuevas formas de dominación y explotación.

En 1968 se da el golpe militar, y al afianzarse Torrijos en el mando, es nuestro deber reconocer que el gobierno asumió la estrategia de plantear el problema como una causa latinoamericana, de país no alineado, ganando la atención y la simpatía de la opinión pública internacional, logrando altos niveles de divulgación, apartándose de la tradicional revisión complaciente de los tratados de 1903, que argumentaba como algo irremediable la posición de Panamá dentro de la esfera de influencia de los EUA, y obligaba a aceptar lo que la potencia de buena fe nos quisiera ofrecer, prolongando entonces la hegemonía ad infinitum.
Un año antes, cabe recordar, de nuevo la Asamblea Nacional se había visto obligada a rechazar por presión popular, los tratados 3 en 1, que burlaba los intereses del pueblo panameño.

En 1977 se da la firma de los tratados Torrijos Carter, que reconoce la soberanía de Panamá sobre todo su territorio y abroga los tratados anteriores, en medio también de un escenario mundial de guerra fría, luchas anticolonialistas a nivel global, derrota militar norteamericana en Vietnam, presión internacional por las causas de los pueblos oprimidos y explotados, lo que no menoscaba el papel definitivo de la lucha generacional panameña, en la cual Torrijos únicamente se encarga de llevar hasta otro punto en su desarrollo inconcluso.

Se logra la devolución paulatina de los territorios de la Zona del Canal desde 1979, y se obtiene la administración panameña del canal de Panamá a partir del 31 de diciembre de 1999, pero deja pendiente con las enmiendas al Tratado de Neutralidad, la posibilidad de una intervención de cualquier tipo, incluyendo la armada, sobre nuestro territorio, por parte de los EUA, en caso que el gobierno de ese estado considere que el canal o el tráfico por éste se encuentre amenazado, al establecer la responsabilidad de ambos países a asegurar que el Canal de Panamá permanecerá abierto y seguro.

Las medidas estimadas necesarias al respecto pueden ser tomadas unilateral e independientemente por ambas naciones, para reabrir el canal o reanudar sus operaciones, aunque conociendo la enorme diferencia que, acentuada tras la invasión de 1989, tenemos en materia de capacidad defensiva nacional; sin entrar a considerar que hoy, con el desarrollo de armamentos cada vez más sofisticados, es difícil plantear la posibilidad de una defensa real del canal, a no ser por una absoluta y efectiva neutralidad, resulta muy fácil suponer a quién favorecería esta libertad de movimiento y decisión.

Además, este Tratado de Neutralidad, no nos permite imponer restricciones al paso de naves de guerra, naves auxiliares y embarcaciones peligrosas de ninguna nación, nos compromete a permitir siempre su paso sin importar su funcionamiento interno, medio de propulsión, origen, destino o armamento sin que pueda ser sometida a inspección, registro o vigilancia, lo que pone en riesgo la pretendida neutralidad y con ella, la seguridad de la nación y la población panameña, sobre todo en la zona de tránsito, donde se ubica casi la mitad de la población total.

Ofrece tránsito expedito para las naves de guerra y auxiliares de EUA y Panamá, limita los reglamentos a los necesarios para la navegación segura y la imposición de peajes es obligada a pasar por las partes interesadas, limitando el interés nacional.

De lo anteriormente expuesto, se concluye que la lucha por la efectiva soberanía nacional continúa, ahora al exigir la abrogación de un Tratado de Neutralidad no tan neutral y el cual por muchos motivos, tales como seguridad nacional e ingresos, es desventajoso para Panamá. Es necesaria llevar adelante la tarea de definir el futuro del mismo canal y su relación con la nación y la economía panameña, decidir su ampliación o no en términos de los beneficios o perjuicios que pueda generar y la posibilidad real que los beneficios lleguen a una mayor cantidad de personas, considerando la lógica que orienta a las clases en el poder, factores nacionales, sociales y ambientales por encima de los estrictamente económicos internacionales.
Debemos considerar nuestra contribución a la fortaleza e integración latinoamericana, poniendo al servicio de los pueblos hermanos, en condiciones preferenciales y de reciprocidad, las ventajas de este recurso.
Debemos exigir la inversión de los recursos provenientes de su operación en el desarrollo social integral del país, el bienestar de quienes son sus legítimos dueños, quienes lucharon y murieron por su recuperación, el pueblo panameño.

¡ESTAMOS DE VUELTA!

Regresamos, pidiendo disculpas por no haber tenido la organización para ser constantes. Pero estamos nuevamente rastreando aquellas noticias que pasan desapercibidas en los medios de comunicación, para darles la vuelta la vuelta, o simplemente haciendo públicas aquellas verdades que todos pretender ocultar.
El pueblo las sabe, las siente, las vive. Este blog entonces, lo que espera es que no se nos olvide, como es nuestra costumbre.
He aquí las recogidas apenas en la última semana.

Jugosos beneficios del alza petrolera

No sólo las transnacionales están haciendo fiesta con los precios del petróleo, la especulación local no quiere perder terreno en ésta batalla por encontrar el mayor provecho de la desgracia colectiva.
Nuestra dependencia energética hacia los hidrocarburos, también tiene sus efectos (para nada negativos), en la siempre “quejumbrosa y golpeada” Zona Libre de Colón, la misma que siempre dice que no puede dar nada más de lo que sacrifica para ofrecer a al país, a Colón y los colonenses, un nivel de vida digno de seres humanos.

El comercio en la zona continuó viento en popa en septiembre al registrar ventas por 689 millones de dólares, según informes oficiales divulgados el jueves.

Lo que representa un incremento en las ventas cercano al 30%. Como de costumbre, nos lo hacen ver como algo positivo, igual que los desempeños del Canal de Panamá, pero lo cierto es que pocos en nuestro país (al igual que en el resto del mundo estrangulado por el neoliberalismo) obtienen ventajas de este crecimiento económico, que nunca llega a desarrollo.

Un informe del ministerio de Comercio e Industrias divulgado recientemente destacó que el movimiento comercial total (importaciones y exportaciones) sumó 7.453 millones de dólares entre enero y agosto, para un crecimiento del 14%.

¿Y el gobierno que propone referente al tema de la energía? Nada. Es decir, nada que valga la pena para el panameño común.
Que si grandes proyectos hidroeléctricos, que si buscar petróleo hasta en Calidonia, que si convertir al país en un cañaveral para tener combustible barato, todos proyectos que significan más de lo mismo, en lugar de ser consecuentes con la realidad, la conveniencia y la necesidad nacional y mundial, es decir la investigación, desarrollo y aplicación de energías alternativas, limpias, renovables, baratas, disponibles, seguras, confiables. ¿Se necesita otra cualidad para decidir?

Crece la conciencia popular contra la minería

Tan pronto se anuncia otro proyecto minero en nuestros pueblos del interior del país, las comunidades indígenas y campesinas levantan su voz de protesta contra los mismos. Deberíamos aprender en la ciudad de las expresiones de los pueblos afectados por los proyectos como Cerro Colorado y Petaquilla entre otros de las transnacionales con sus agentes locales
Harto conocidos son los efectos nocivos de la actividad minera en la población y el ambiente. Es una actividad económica completamente destructiva que impide el desarrollo de otras actividades con mayor beneficio social.
Las poblaciones no son tomadas en cuenta, solamente son utilizadas en lo necesario para el dueño, sin medidas de seguridad mínimas, sin más beneficios que unas cuantas plazas de paupérrimo trabajo, con efectos terribles en la salud y las posibilidades futuras de las poblaciones, que luego de el auge minero, quedan con tierras inservibles, envenenadas, los que no han muerto en el transcurso.

Plaguicidas

La agricultura en Panamá sigue siendo víctima del uso intensivo de plaguicidas que, prohibidos en los países que los producen, son vendidos en el nuestro ante la mirada complaciente de nuestras autoridades que no regulan su importación, venta y uso, el empuje acompañado de ingenuidad de nuestros campesinos, o las órdenes del señor de la tierra que lejos de la siembra, sólo se preocupa de recaudar los dineros que a costa de la vida de los trabajadores del campo le llegan.

La falta de dignidad de nuestro gobierno ante el problema de los polígonos de tiro

A pesar de tener todo el derecho para exigir una actuación definitiva de los Estados Unidos de América respecto a las áreas contaminadas con municiones y agentes químicos, nuestro gobierno no toca el tema, menos durante la desagradable visita del premier genocida del mundo, George Bush hijo.
¿La razón? Según palabras de nuestras autoridades hay asuntos de mayor importancia y trascendencia para nuestras dos naciones “amigas”, como las relaciones comerciales y todas las ventajas que nuestra clase alta pueda obtener en este nuevo siglo a cambio del sometimiento, disimulado o no, de nuestro país alas políticas del estado norteño.
Lo que resulta aún más interesante es ver personajes como Héctor Alemán, otrora insigne “Todo por la Patria”, bajándose sin asco los pantalones ante la situación. Y que decir de nuestro flamante canciller, Samuel Lewis Navarro que se alegra porque Bush viene a Panamá, ya que según él, esto significa que Panamá luego de la reversión es importante…(el más patético caso de complejo de inferioridad visto en el mundo en los últimos tiempos). La propuesta de Lewis Navarro se parece a (mejor dicho es lo mismo) ala de la directora de la ANAM, conceder en usufructo a empresas extranjeras las tierras a cambio de su limpieza, es decir, regalar el país por culpa de su incapacidad.
Desde luego que la oposición ahora es nacionalista, eso dicen ellos, pero ya nadie les come cuentos a estos payasos de circo barato, que ahora aparecen rasgando las vestiduras buscando a quien agarran dormido desde ya, para las elecciones del 2009.

¿Cerrar las escuelas?

En otra medida propia de quienes piensan que para erradicar la pobreza hay que eliminar a los pobres, el Ministro de Educación, Miguel Ángel Cañizales pone a disposición de la comodidad de Su Majestad Bush, la posibilidad de cerrar nuestros centros educativos.
Es que quieran lo que quieran decir de los estudiantes panameños, desorganizados y todo como están, al menos mantienen una conciencia limpia y un sentido de la dignidad, que nuestros funcionarios dejan en el sanitario cada día.
¿Quién (disculpen la palabra) carajo es Bush para detener la vida normal de nuestro país? ¿Es esa la forma de manejar el descontento de nuestros jóvenes? ¿Así soluciona sus problemas señor ministro? Parece mentira que tanta frente albergue tan poco cerebro!

¿Quiénes más se arrastran?

Por ejemplo Marco Ameglio, quien le señala en una carta personal a Su Majestad, el placer casi orgásmico que siente con su presencia en suelo patrio, Mireya Moscoso que tendrá su encuentrito también, Balbina Herrera que propone construir futuro…olvidando convenientemente el pasado y su arrastrada en Plaza Porras en 1992, Guillermo Endara que nos dice que nos comportemos como gente decente y civilizada, entre otros elementos de la fauna criolla.

El petróleo y Otra "Buena Nueva" de Martín Torrijos

En noticias del 11 de octubre de 2005, los diarios locales panameños han informado una noticia nada curiosa para los que veníamos estudiando de cerca la situación energética del país. Justo en el escenario de anarquía de los precios del petróleo, y la confusión mediática de la opinión publica local sobre las alzas desmedidas, y en medio de la desesperación ciudadana sobre las posibles alternativas para salir de la crisis, el gobierno de la alianza Patria Nueva, del populista de derecha partido Revolucionario Democrático (PRD) y el democristiano Partido Popular la EMPRESA lanzan como primicia que la petrolera Harken Energy, que forma parte de las propiedades de la familia del actual presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ya casi inicia la búsqueda de yacimientos petrolíferos en Panamá."Según registros de Estados Unidos, a fines de la década del setenta,George Bush, padre, (el primer Bush en ser presidente de EU) formó lapetrolera Arbusto, que fracasó y fue reemplazada por Spectrum 7, que tampoco tuvo éxito. George Bush Jr. y sus asociados compraron en 1986 la pequeña y hasta entonces desconocida compañía petrolera HarkenEnergy"
"En la junta directiva de la empresa pusieron, entre otros, a Bush Jr.y a Abdullah T. Bakhsh. Según informes periodísticos, Bakhshrepresentó los intereses de la familia Bin Laden en EU entre 1976 y1982" (El panamaamerica, Gustavo Aparicio). Mientras, el ministro de Comercio e Industrias, Alejandro Ferrer daba la "buena nueva" que ya las empresas Harken Energy y la holandesa Circle Oil habían presentado solicitudes para explorar y explotar petróleo en Darién (área de enorme sensibilidad ambiental: barrera fitosanitaria con Sudamérica) en las gasolineras el oligopolio de importación y comercialización en el mercado local que encabezaChevron-Texaco mediante un contrato ley por cuarenta años, se disparaban quince centavos más, los gremios transportistas exigían aumento del precio del transporte publico, y el Frente Nacional por laDefensa de la Seguridad Social llamaba a movilizaciones para frenar esa medida. Se espera que este 18 de octubre el inicio de nuevas movilizaciones del Frente, sumando a la agenda de lucha no solo el tema de la seguridad social, que se matrimonia con la crisis general del aumento del costo de la vida y el crimen ecológico y endeudamiento extremo con ampliación del Canal de Panamá, sino también el problema energético. De algunos círculos de análisis, como el del investigador Antonio Méndez de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá, esta "buena nueva" del presidente Martín Torrijos, se desprende del aprovechamiento de la situación de desesperación para hacerle creer a la ciudadanía que la explotación petrolera es la divina pomada para solucionar el problema, y que en ello tiene mucho que ver su reciente viaje a México, las pasadas reuniones personales con el presidenteBush, y la visita del mismo este mes de noviembre a Ciudad de Panamá. Ante la situación planteada, el colectivo de Lucha Ecológica del Movimiento Nacional de Juventudes Pensamiento y Acción Transformadora de Panamá (MNJPAT), hace un llamamiento a la ciudadanía panameña a gestar acciones concretas de oposición a tal medida descabellada del gobierno, entre una de ellas participando de la marcha convocada porel FRENADESSO este miércoles 19 de octubre, entre otras, con el fin de generar conciencia publica de la magnitud destructiva de la exploración y explotación petrolera en un ecosistema tan complejo y a la vez tan dócil como el del istmo de Panamá. Nuestra consigna es:¡Ni Exploraciones Petroleras, ni transnacionales!
¡Ni Políticas Energéticas Antinacionales e insustentables!
Por la nacionalización y construcción de un modelo energético en armonía con la naturaleza!