10.6.05

SOBRE EL PROYECTO DE AMPLIACIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ



Todo lo que hoy se haga por la naturaleza se hará también por ese hombre, aunque ello contravenga los intereses económicos y políticos de ciertas elites. Lo que sí no puede suceder es que nuestra preocupación por la naturaleza saque del centro de nuestra atención y de nuestra práctica los esenciales problemas humanos que quedan por resolver”
José Ramón Fabelo Corzo

El colectivo Defensa Ambiental, siendo consecuente con su concepción de la lucha ecológica, como parte integrante de la lucha popular por el desarrollo social basado en el uso racional de nuestros recursos, expresa a través de este escrito su posición frente al proyecto de ampliación del Canal de Panamá.

Es necesario destacar que cualquier posición pública expresada por cualquier individuo u organización respecto a este tema, no puede apoyar, complementar o confrontar una posición oficial, ya que ni el gobierno central ni la Autoridad del Canal de Panamá han expresado tal posición, en flagrante irrespeto hacia la ciudadanía.
Los estudios que servirían de base para determinar cual de las alternativas sería la utilizada, de ser aprobada por las vías establecidas, se mantienen, a nivel nacional, en la más completa oscuridad.

Consideramos que el citado proyecto, es una prolongación en extremo irresponsable del modelo económico nacional sustentado en la dependencia de intereses extranjeros, el cual ha llegado a la conciencia del panameño en forma de considerar que este país no puede existir sin dedicarse al servicio y al comercio mundial, obviando todas las demás potencialidades nacionales.
Vemos la ampliación del canal como un negocio más de los pocos que dominan económica y políticamente a nuestro país, incluyendo a Alberto Alemán Zubieta, administrador de la ACP, por continuar con un modelo de negocios que ya no soluciona ni parcialmente los problemas del país, es más, agudiza su participación como elemento clave en el sostenimiento y reproducción de este modelo insostenible, a costa de nuestras riquezas humanas, culturales y naturales.

Es tiempo que los panameños, tengamos la oportunidad de escoger y nos decidamos responsablemente por continuar el modelo actual o adoptar un modelo alternativo que sea lo más conveniente en términos humanos, sociales, ambientales y económicos para las mayorías, que vaya más allá del inmediatismo generador de “booms” económicos de cuando en cuando (cada vez que se les agota su fuente inmediata de acumulación), es decir, que desarrolle lógica, racional, sostenible y eficientemente las fuerzas productivas nacionales, garantes reales de nuestro bienestar y soberanía, estableciendo políticas económicas que persigan el desarrollo social.
Es tiempo de abandonar el crecimiento como objetivo y pensar en la organización y distribución, en el desarrollo.

Es tiempo de abandonar el pensamiento colonizado, dependiente y miserable. Es menester trascender lo inmediato, en tiempo y espacio, asumir una responsabilidad internacional e intergeneracional.
Además los costos de esta obra son demasiado pesados para el estado nacional o para cualquiera de sus agencias. Se estima que duplicaría nuestra agobiante e ilegitima deuda externa, la cual pagamos todos los panameños y resienten quienes menos oportunidades tenemos, al paralizar las oportunidades de inversión social.

Incluso si los costos fueran asumidos por las empresa beneficiadas, además de aparecer como simples fichas en el ajedrez de las empresas transnacionales, no se estarían considerando los efectos sobre la población desplazada y receptora, sus relaciones sociales, su cultura y su historia, sobre el ambiente y los servicios que este presta, sobre el estado y las inversiones servicios sociales que este debería realizar, el incremento de la presión demográfica sobre la zona de tránsito con el consiguiente deterioro de la calidad de vida y el abandono aun mayor de las zonas productivas del país.
Aunque la responsabilidad de la modernización de la vía debe recaer en todo caso en los usuarios, que son quienes se benefician directamente, su beneficio jamás puede pasar por encima de la conveniencia del país y las necesidades de sus habitantes.

Si el canal se vuelve obsoleto para el comercio mundial, ¿cuando dejará de ser obsoleto para los campesinos, los indígenas, los excluidos que no sienten los beneficios de su existencia sobreviviendo por debajo de la línea de pobreza?

Pero no somos ilusos, no creemos que el Estado panameño, representante del poder parásito de una clase social, piense realizar estos cambios sin la presión organizada de los sectores populares, generadores de sus riquezas y víctimas de sus políticas.
Por eso hacemos el llamado a las organizaciones populares a mantener la unidad y el discurso ecológico dentro de nuestros reclamos. Recordemos que la destrucción de la naturaleza es otra manifestación y sustento del actual sistema.

Exigimos que la ACP rompa el silencio sobre los estudios y proyectos referentes al manejo de los recursos que el pueblo panameño recuperó a través de las luchas de generaciones, y de las cuales no obtiene mayores beneficios palpables, otra vez somos excluidos de nuestra tierra y de las decisiones.

Exigimos que los ingresos provenientes del canal de Panamá, en recompensa a la lucha popular que hizo posible su transferencia al estado panameño, sean utilizados en el desarrollo social nacional: carreteras, vivienda, educación, salud, empleo, seguridad social.

Exigimos que cada panameño tenga agua en sus hogares antes que malgastar 52 millones de galones cada vez que un barco atraviesa la entraña de nuestra tierra. Hay que asignar un orden de prioridades a los usos que se le asigna al recurso agua y mantenerse pendientes ante los intentos por privatizar este recurso.

Exigimos que antes de facilitar el paso del comercio mundial, se permita el tránsito interno con un sistema de carreteras en buen estado, antes que integrar al mundo, que se integren a los diversos grupos étnicos y comunidades en condición de respeto y promoción a su diversidad cultural, que se eliminen las desigualdades campo-ciudad en el desarrollo humano antes que los obstáculos al comercio. Que la gente sea siempre lo más importante.


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Exigimos que se derogue la ley 44 que amplia la cuenca del Canal de Panamá entregando el 7% del territorio nacional al comercio mundial, y en cambio, se administren responsablemente los terrenos de la cuenca original que sufren la deforestación para proyectos de urbanización, centros comerciales y actividades ganaderas.
La conservación de los ecosistemas es la preocupación más humana, siendo el ser humano parte definitiva de este ecosistema. Se trata de crear una nueva conciencia en el ser humano que reconozca la interdependencia entre naturaleza y sociedad, asignando el valor adecuado a esta interrelación para la vida y desarrollo de ambos: naturaleza y ser humano. Pero la conciencia del hombre no puede ir mucho más allá de las condiciones que lo generan, por lo que el cambio necesita impulsar de manera obligatoria un cambio en el modo de vida y la lógica que lo sostiene, y ese cambio solo llegara través de la efectiva y organizada participación política
No podemos seguir manteniendo la ideología que prioriza la ganancia y la acumulación incesante, pues por su propio accionar, atenta contra la naturaleza y por ende, contra nosotros mismos.
Tenemos que empezar ya a ser actores de primera línea en la construcción de nuestro futuro, nuestro poder es la unidad.